“Tiri tri Trump, Trump, Trump”

Diego Igeño.

“Tiri tri Trump, Trump, Trump; tiri tri Trump, Trump; tiri tri tirititrero; tiri tri Trump, Trump, Trump”. El loco americano marca el ritmo con los sones de las alegrías y todo el mundo baila flamenco como monito amaestrado. Dios guarde a los gaditanos si el payaso yanki descubre, como sentenció Carlos Cano, que La Habana es Cádiz con más negritos y que Cádiz es La Habana con más salero. Porque al imperialista americano le da igual ocho que ochenta: le echa el ojo a Venezuela y se inventa una patraña pseudolegal para justificar una invasión, para secuestrar a un presidente y su mujer, sacarlos de su país, encerrarlos en una cárcel de seguridad y llevarlos a los tribunales; para destrozar, en suma, los principios más elementales del derecho internacional de un solo golpe.

“Tiri tri Trump, Trump, Trump…”. El sátrapa americano quiere Groenlandia para sí. Uno de sus secuaces, Stephen Miller, lo justifica con el contundente argumento de “somos una superpotencia”. Y, como matones de recreo, hacen temblar a las débiles minipotencias europeas siempre obedientes y sumisas, siempre educadas ante el antiguo aliado. Y es que estos herederos del Far West lo tienen todo: si no lo logran con las armas, lo conseguirán con los dólares (o viceversa).

“Tiri tri Trump, Trump, Trump…”. El insensato americano, golpista en su propia nación, quiere también Colombia, y Cuba, y por qué no, todo el continente. Es insaciable, es bravucón, chulo y pendenciero, pero, a pesar de ello, todavía son demasiados los que les ríen las gracias. Lo hacía incluso la oposición venezolana que aplaudía a rabiar la invasión de su propio pueblo hasta que han descubierto que a su paladín le interesa más el petróleo que la democracia.

“Tiri tri Trump, Trump, Trump…”. El insaciable americano es un delirante peligroso. Y con otros de su misma calaña (Netanyahu, Putin, Kim Jong-un) quieren destruir la civilización, acabar con la paz en este planeta y, por tanto, con la humanidad entera. Son la viva imagen del gran dictador Adenoid Hynkel e, igual que él, fantasean en sus despachos jugando con un globo terráqueo que indefectiblemente explotará. Pero nadie dice nada. Los simpáticos inoperantes (la ONU), como en su día los definió Mafalda, callan. La OTAN achanta la mui. La UE tampoco dice ni mu. El resto de siglas que componen la sopa de letras del neofascismo internacional no solo no cierran la boca sino que espolean al imbécil. Y, de un modo u otro, todos esperan y esconden la cabeza como avestruces, rezando, eso sí, para que el matón americano no los convierta en su próximo objetivo, porque mientras sea así, todo estará bien.

Y mientras con su soniquete aflamencado, “tiri tri Trump, Trump, Trump”, todos, cobardemente, marcan el compás al ritmo del canalla americano. ¿Todos? No, porque todavía quedan muchos a quienes les queda la indignación y la esperanza de vivir un futuro mejor, aquella que hizo que el bonachón barbero judío le dijese a su amada:

“Hannah: ¿puedes oírme? Donde quiera que estés, ¡mira a lo alto, Hannah! ¡Las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de las tinieblas a la luz, caminamos hacia un mundo nuevo, un mundo de bondad, en el que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición, de la brutalidad! ¡Mira a lo alto, Hannah, al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar, está volando hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro, que nos pertenece a ti, a mí, a todos! ¡Mira a lo alto, Hannah, mira a lo alto!”

Compartir:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Entradas relacionadas

Orgullo

Diego Igeño LuqueEl pasado jueves volvir a asistir a la proyección pública del documental “Voces que TRANSforman”. En esta ocasión fue en Puente Genil, concretamente en el número 11 de

Transitando el Duelo

Carmen Zurera Maestre Será normal vivir en esta nebulosa mental en la que llevo instalada semanas. Es lo que tiene que se te muera tu compañero de vida que, habiendo

Machote

Diego Igeño Eso es lo que hay que ser, muy machote para darle un empujón y hacer caer de narices a una “peligrosísima” señora jubilada de 68 años que al

Devastación

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche….”(Pablo Neruda) Nadie me lo pide. A nadie le interesa esto que voy a escribir, pero lo necesito. Yo misma me digo que