Como si de una costumbre navideña más se tratase, las madrugadas del 25 y 31 de diciembre, los vándalos del pueblo acuden a su cita anual contra el mobiliario urbano, en un acto de rapiña propio de cobardes que aprovechan la oscuridad de la noche y el anonimato para dañar o romper los elementos que son de la comunidad.
Más de un elemento del mobiliario urbano sufrirán sus fechorías durante estos días, y quedarán como estaba esta mañana el espejo de regulación del tráfico de los “Cuatro Cantillos. La pena es que la mayoría de estas atrocidades quedan impunes.



