Se cumple este año treinta desde que Aguilar de la Frontera recuperó  su  tradicional fiesta de Carnaval tras el largo ostracismo que sufrió cuando transitaba la historia  por la desventurada dictadura franquista. No fue difícil prender  de nuevo la llama del sentir carnavalesco en nuestro pueblo, ya que ésta nunca  llegó a  extinguirse totalmente al  permanecer adherida al  alma del Barrio Bajo,  verdadero  templo y santuario  de la Fiesta pagana..

No fue difícil…., pero tampoco fácil, avivar el  latir del corazón del Dios Momo  para que éste encantase el espíritu de Don Carnal, y así juntos  destruir  los tabúes  que silenciaron   durante tantos años  las coplas de Carnaval en nuestro pueblo. Hubo que conjurar y  derrotar a la  vieja  y triste cuaresmera, resucitando así al  esbelto y jubiloso arlequín  que  llenó de luz y color  nuestras  fiestas de carnestolendas .

La semilla germinó de nuevo  en la  memoria colectiva recordando  las  célebres letras del Carnaval Republicano, aquellas que  llamaban a la calle Carrera “La calle los Peligros” o   denunciaban  los refinados modales de los hombres con aquel  “Yo no digo que sean del 15 pero del 14 se han pasado ya”,  cuyos autores,  Eustaquio Monedero, Jordán, y el Cojo Baltasar, tanta gloria  y fama  dieron al Carnaval aguilarense con su picaronas e ingeniosas letras.

Memorable  fue también la salida de los ya legendarios  Moyetes desafiando  prohibiciones  y  alentando el resurgir de la Fiesta cuando la dictadura agonizaba junto a su mentor. Ellos  prendieron la ilusión y  la esperanza en que algún día, no lejano,  las calles de Aguilar  se volviesen a llenar de luz y colorido, de alegría y diversión, de música y de arte….de fiesta.

La osadía de la juventud  llevó  al novel concejal de fiestas comunista a aventurarse en la odisea de devolver a Aguilar sus  Fiestas de Carnaval. Corría el año 1984, y en la mañana del  4 de marzo transitó el pueblo la primera cabalgata carnavalesca  entre el entusiasmo de muchos y la sorpresa de otros. Sonora y multicolor comitiva  que devolvió a nuestras calles la alegría,  las máscaras burlonas, los disfraces, y las coplas de comparsas y  chirigotas.

Tres décadas después, y cuando estamos en las vísperas de una fiesta que se vive ya plena e intensamente, bueno es volver la vista atrás para recordar y agradecer el arrojo que tuvieron quienes osaron  hacer realidad  aquel primer Carnaval. Es momento de dejar constancia del empeño que pusieron en esa idea las maestras del  Centro de Educación de Adultos, Agustín, un maestro de la “Curva” que con sus alumnos construyeron el multicolor dragón que …….., a D. Francisco Zurera quien, con la maestría de los maestros, confeccionó los gigantes y cabezudos, o al pintor Antonio Quintero Alhama, que realizó el primer cartel del Carnaval de Aguilar, un cartel de gran clasicismo y belleza que se convirtió en  el mejor reclamo y convocatoria de la resurrección de la popular Fiesta.

Y sin alguien protagonizó aquel memorable Carnaval  fueron sin duda  las dos chirigotas que ofrecieron sus repertorios a un  pueblo que abarrotó, como nunca antes lo había hecho,  la Plaza de San José, y que se  deleitó con las ingeniosas y  picantes letras de los  pasodobles, cuplés, y popurrís  que cantaron de manera magistral las dos agrupaciones: Los Parosa y el Maestro y sus Alumnitos.  A ellos, a las que están, y  a  los que ya partieron para la Gloria del Carnaval  de Aguilar,  debemos la realidad que hoy disfrutamos y el resurgir del sentimiento chirigotero en nuestro pueblo.

Ellos sacrificaron largos meses de ensayos con la incertidumbre de no saber cómo serían  acogidas su coplas.. Fueron los que mayor generosidad derrocharon en el esfuerzo compartido por recuperar  la tradición, y por ello deben ser recordados y reconocidos, aunque sea con este sencillo artículo de gratitud  de quien los convocó para esta tarea.

Antonio Maestre Ballesteros

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