Los más viejos aún pueden recordar cómo durante cientos de años y hasta la mitas de la década de los años sesenta del pasado siglo, la incesante actividad humana que durante los meses de Diciembre y Enero, coincidiendo con la campaña de aceitunas en Aguilar de la Frontera, era desplazada en el entorno de la Laguna de Zoñar con objeto de llevar a cabo la cacería más importante de España de estorninos libres en sus angostos y tupidos cañaverales.
Durante cientos de años esa cacería se llevó a cabo de forma muy original en un enclave y entorno natural conocido en el resto de Andalucía y de España no solo por la alta belleza de sus paisajes, sino también por la cacería del pájaro que se dio en llamar ” el vampiro de los olivares”, dado que el estornino, se alimentaba en estos lugares y en estos meses exclusivamente casi de aceitunas y se tenía la creencia de que cuando iba a recogerse para dormir, llevaba provisiones de dicho fruto, en las patas y en el pico.
Su carne, se cotizaba a muy buen precio, por lo que representaban una importante fuente de ingresos para multitud de personas que en Aguilar mantenían durante estos meses un incipiente mercado local de pájaros, en el que se vendían una media de cien a ciento cincuenta docenas de estorninos por cacería y el excedente hasta en algunas ocasiones quinientas docenas diarias ( la redada mayor que se recuerda fue de mil doscientas docenas en una sola noche) eran enviadas a otras localidades limítrofes e incluso a otras de fuera de los límites provinciales, en concreto a Sevilla donde la carne de estornino de Aguilar de la Frontera, era muy demandada y querida y donde llegaban a pagar hasta diez y siete pesetas y media por una docena. El resto eran enviados a Madrid, Huelva, Málaga y Córdoba . Incluso el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, también se beneficiaba de este mercado de aves, dado que por cada una de ellas, había que pagar a las arcas públicas municipales un arbitrio de diez céntimos de peseta.
Como los terrenos donde se encontraba enclavada la Laguna de Zoñar, eran particulares, sus dueños y propietarios arrendaban a los cazadores la misma por un precio módico, por cada ejemplar capturado.
Los pájaros al atardecer, se posaban en los tupidos cañaverales que bordeaban la Laguna, para pasar la noche en ellos y el vuelo de las bandadas era tan denso que provocaban a su paso extensas sombras sobre la tierra. De un solo disparo de escopeta, se podían derribar varías docenas de ejemplares.
Pero la caza principal era realizada con red. La hora más apropiada era la noche y en especial en las que no había luna. Una red de cincuenta metros de larga por otros tantos de ancha, que era colocada sobre el cañaveral, sostenida en postes de siete metros de alto. Esto se hacía día y a media noche, los cazadores, metidos en el agua de la Laguna hasta la cintura, iban dando golpecitos con largas cañas en el cañaveral y los pájaros, asustados, se iban hasta el centro de la red que tras una pequeña maniobra los cazadores cerraban de inmediato.
Al amanecer, después de levantar el vuelo, los pájaros que aún no han caído en la trampa, son arengados por los cazadores, provistos de latones, cencerros y otros artilugios para hacer un estrepitoso ruido que hace que los estorninos en su frenética y asustadiza huida se encuentren con otra manda de diez y siete metros de larga adosa a la red y provista de una garrucha, en la que quedan definitivamente atrapados. Cientos de sacos llenos de pájaros eran enviados desde la misma Laguna de Zoñar a cientos de bares y tabernas, para su consumo inmediato.
El enorme peso de los pájaros, hacía que esta mano de red, cayera a tierra, donde inmediatamente los cazadores comenzaban la matanza manual de los pájaros uno por uno, utilizando con enorme destreza los dedos índice y pulgar de la mano para partir el cuello de cada animal.
Los olivareros, achacaban muy frecuentemente a estos pájaros los graves perjuicios económicos que constantemente, año tras año causaban a las cosechas de aceitunas de sus olivos. Tanto era así que el Ministerio de Agricultura y el Sindicato Nacional del Olivo, elaboraban anualmente unas estadísticas donde se daba por sentado que las enormes pérdidas causadas en el sector del olivar en cuanto a las perdidas en número de kilos en las cosechas eran causadas en un alto porcentaje por los estorninos.
La provincia de Córdoba y especialmente el término de Aguilar, aparecían en estas estadísticas, y en ellas destacaban enormemente las fincas olivareras situadas en los alrededores de la Laguna de Zoñar, paralela a la línea férrea Córdoba- Málaga, a cuatro kilómetros de Aguilar, donde sus aguas llegaban a alcanzar en algunas de sus profundidades más amplias los diez y ocho metros.
A pesar del dicho popular ” … más duro que un estornino”, la carne de estas aves, para los más avezados comensales representaba un exquisito manjar, que con carácter de entremés y en forma de “tapa de estornino” era un bocado exquisito para los buenos catadores de vino que lo solemnizaban como un plato “excepcional”.




